Por: Mario Helfenstein
El pasado 21 de enero el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenneger, declaró que su «única tarea es que no aparezca ninguna ley de inteligencia artificial». Más allá de la polémica que traen estos dichos, genera una discusión importante, ¿la IA debe ser regulada? y si es así ¿de qué forma?:
El desarrollo acelerado que sufrió la inteligencia artificial en los últimos años ha generado nuevas oportunidades a nivel global: Desde la oportunidad de un Estado más ágil y proactivo, por ejemplo mediante chats como Boti (Bot de CABA) O Bots que predicen la demanda hospitalaria hasta la realización de contenidos falsos o engañosos que llegan a ser discriminatorios e ilegales. Estos rápidos cambios y usos han generado dilemas éticos no solo a nivel nacional, sino también a nivel mundial, ya que están asociados con la suma de desigualdades ya existentes que podrían perjudicar (o ya lo hacen) a los grupos marginados.
Desde IME pensamos que estas tecnologías son herramientas, con sus buenos y malos usos, por lo tanto más que pensar una ley que regula la IA, deberíamos pensar en la regulación de los malos usos que estos instrumentos pueden tener. En la coyuntura actual es casi imposible pensar en un mundo o país dónde la inteligencia artificial no sea utilizada, ya que forma parte de nuestro día a día y aún más en las nuevas generaciones.
A nuestro país le sirven las leyes que potencien la innovación y el desarrollo del buen uso de la tecnología, que garanticen el acceso y la protección a quienes lo necesiten frente a posibles abusos (por ejemplo los deepfakes: videos y fotos pornográficos con caras de otras personas, con varios casos vistos en colegios secundarios).
Necesitamos leyes que regulen publicaciones de videos o audios falsos, que dificulten las estafas, sanciones para la generación de deepfakesm definir quién es responsable cuándo un auto autónomo lastima a alguien. También debemos hablar sobre la privacidad de los datos personales o hasta que punto el Estado puede ver cómo se mueve el ciudadano.
Por lo tanto, esta discusión de leyes de IA sí o no queda obsoleta, no sirve prohibir o poner trabas, pero sí determinar ciertas reglas que organicen su uso y potencien su desarrollo. Lo que necesitamos es una estrategía que desarrolle la modernización para no perder las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial. La regulación debe ser una herramienta más, no el obstáculo para la evolución del instrumento.
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